Pronto estarán aquí disponibles la integridad de los textos escritos por Modesto Roldán en formato PDF y eBook

                   Sobre la creación artística                                                      (Por Modesto Roldán)


Puedo escribir durante siete horas sin interrupción. El tiempo es tan veloz que puedo sentir como la oscuridad de la noche ennegrece las ventanas, Sobre todo en invierno.

   La primera hora de escritura es dura, sin ser difícil, quiero decir que puedo tener lagunas momentáneas de reflexión y pausa. Pero inmediatamente después se acabó.  Mi escritura fluye como un raudal denso. Llega un momento en que me olvido de mi acto para incluso creer que es otro individuo, dentro de mi, quien está ejerciendo esa función . Ya sabéis aquello de  “car je suis autre” de Rimbaud, aquí materializado de manera real. Durante ese tiempo de casi siete horas de escritura no siento ni el frío ni  el calor de mi cuerpo. Ni siquiera siento sed. Ni bebo agua ni siento tampoco la necesidad de ir a la toilette para vaciar la vejiga. Y por tanto soy enfermo de próstata. Necesito habitualmente evacuar a cada hora mas o menos. Cuando escribo, mi próstata no existe. No existe nada, ni siquiera el deseo de comer y si suena el teléfono no contesto por la razón simple de que no lo oigo.

    Sobre ésta colusión de lo psíquico en lo somático, permitidme que no me extienda. No soy un profesional en la cuestión y temo que ella me confunda.    

     Las conclusiones de tipo psicoanalítico no me satisfacen.

     Deberíamos  acudir  a Reich o Grodeck . Solo ellos parecen haberse aproximado de cerca al fenómeno. 

    Bien, esto es digresión. Lo que yo quería decir es lo apasionante que es el acto de escribir.

    Hubo quien lo vislumbró, me atrevo a insinuar Dostoiesvky, por ejemplo, en “Las noches blancas”, sin insistir demasiado porque tampoco él dijo nada de explícito. 

    Tal vez no pueda explicarse, Pero os aseguro que el trance es así en lo que me concierne. Siete horas de un tirón. Sin sobresaltos. De paz interior y exterior callada y solemne, de la que solo cuando te despiertas estremecido aun puedes contemplar como algo que no te ha sucedido a ti  ni a ese cuerpo cargado ya de achaques y molestias que imponen  las leyes de la entropía. Porque durante esas horas que solo puedes constatar mirando el reloj al final de tu ejercicio las has vivido maquinalmente con ausencia total de tu organismo, o bien en una larga pausa del mismo, en un grado solo alterado por las circunstancias vividas por  tus personajes.

    Cuando todo ha transcurrido, al cabo de un tiempo, necesario para volver a la realidad, relees tu manuscrito y te parece  que nos es tuyo, que tu nos has escrito eso. Y lo examinas con cierta frialdad o distancia y te dices que aquello es abordable que sin ninguna pretensión has estado atrapado a las vísceras. Que eso, al menos, puedes admitirlo.                    

     Y admiras al tipo que escribió la cosa. Y no es inmodestia de tu parte, porque no eres lo suficientemente estúpido para dejar de ser objetivo.  Y es   solamente  entonces que reculas y te observas, queriendo ser ecuánime y te dices que no está mal eso que acabas de leer, que puede colocarse junto a otros textos bellos que llevas en la memoria y que en el momento de su conocimiento te produjeron alegría  y gozo ante lo bello que es la literatura, de lo inexplicable y sublime de algunas obras leídas y recordadas de Gabriel Miró, el Arcipreste, Sollers, Beckett, Umbral, Manrique, etc. la lista es inmensa y grata como el mejor fruto de este “simio sapiens” paradójico y sorprendente que es tu prójimo.     

   Me digo: La escritura es como la Vida. Y de inmediato se me aparece Borges para decirme. “La escritura no es COMO la vida. La literatura ES la vida.  

   Me deja estupefacto y solo al cabo de una inmersión profunda en mi mismo respondo a ese viejo fantasmón, que tal vez sea cierto. Ella puede ser paliativo a la Vida y no suplantación de la vida ” Y él. obstinado insiste “Ni  la suplanta ni la mitiga. ES.

  --Bueno, vale, --le digo.--.

    Estoy seguro que no es él solo quien habla, sino otro  fantasma llamado Roger Caillois que hace de apuntador desde la sombra.  !Cosas veredes ¡ 

    Intrincado laberinto esto de escribir. Entras y ya no sabes como salir.  

    Incluso cuando duermes sigues escribiendo.  Yo he compuesto, en sueños, textos admirables. Yo mismo aplaudía y elogiaba la belleza de mis textos. A tal punto que me despertaba ante el deseo de dejarlos escritos. Tengo en mi mesilla de noche un block y un bolígrafo. He escrito varios pliegos y luego me he metido de nuevo entre las sábanas.

    Al día siguiente, después del desayuno, los he leído pausadamente. !Que horror¡ ¿Como se pueden concebir tamañas estupideces? Me he dicho indignado, rompiendo en mil pedazos mis folios manuscritos.   

    Y es que no hay escritura sin trabas de la razón mas fría y distante.

     No hay nada mas infantil y ñoño que los llamados “cadáveres exquisitos” que hacían los surrealistas.

     Somos afortunados de no poder pintar un cuadro desde los sueños. Lo dijo Dalí y yo lo suscribo “La diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco.” 

     Sin desdeñar lo onírico, pero pensado y filtrado por la mas rígida razón y leyes de la lógica. La creatividad y la fantasía es algo diferente a un sueño.

      Creo que es absolutamente necesario permanecer muy despierto.

      Pintando me sucede igual.

Arribashapeimage_1_link_0
RECORRIDORECORRIDO.html
OBRAS LITERARIAS
HAN DICHO SOBRE ROLDANCOMENTARIOS.html
VIDEOSMAIN_VIDEO.html
GALERIA DE CUADROSCUADROS.html
HOMELANDING.html
PRESS & PUBLICATION PRENSA.html
CONTACTCONTACT.html
PREGUNTAS A ROLDÁNPREGUNTAS_A_ROLDAN.html